Cristina Gómez Comini: La curiosidad es hermana gemela de la búsqueda

«La curiosidad es un cosquilleo en la nariz, un movimiento agitado e incisivo de la mente, un ratón veloz que no para de recorrer el cuerpo. Clava sus uñitas en cualquier momento y situación. Urgente, prioritaria, irracional. La curiosidad exige ser atendida.

Una vez instalada hay que oírla, seguirla, someterse a ella y abrirle todas las puertas posibles para que logre encontrar lo que busca. Sólo así se calma.

Por un tiempo.
Sólo por un tiempo.
Hasta que aparece otra.< O la misma, pero más grande y profunda.

A veces conviven varias curiosidades juntas, de distintos tamaños y edades y, como una gran familia unida por intereses comunes, avanzan implacables.

Otras veces una curiosidad se queda sola en el rincón, conflictuada, quiere ir adelante pero sabe que no debe. Por momentos piensa que es mejor la incertidumbre aunque bien sabe que el verdadero destino de toda curiosidad es ser satisfecha.

La Curiosidad es hermana gemela de la búsqueda. Me animo, humildemente, a definirme como una “buscadora”. De qué?: de formas que no se perciben con los ojos; de intensidades que perforan el aire y la piel, de flujos energéticos que modelan el espacio y el tiempo, de palabras dichas con el gesto, de gestos sintetizados en el significado contundente de la palabra; de sonidos y silencios que envuelven, elevan, golpean, presionan, acarician, apuñalan, emocionan…

Disfruto de la búsqueda y la curiosidad es mi aliada. Ambas me llevaron espontáneamente a un único e inconmensurable territorio: el espacio escénico; bendito lugar contenedor de muchos de mis pequeños-grandes hallazgos y también receptor de no pocas dudas y riesgos artísticos.

El espacio escénico en cualquiera de sus múltiples formas: convencional, alternativo, abierto, cerrado, grande, pequeño, antiguo, clásico, moderno, despojado, adornado, al aire libre, subterráneo, etc. etc. es un lugar por el que sigo transitando, fascinada, como cuando tenía ocho años. La primera vez el escenario me asustó, me perdí en esa inmensidad sin límites; la segunda vez lo descubrí, solita, cuando empujada por la curiosidad me asomé sin permiso al escenario mayor del Teatro Rivera Indarte. Lo que se descubre de niños tiene un valor especial, se equipara a una conquista. Gracias a la curiosidad tuve, por un momento, todo ese maravilloso escenario para mí sola!»